27 julio 2017

Populismo o barbarie

Por Jorge Alemán*

(para La Tecl@ Eñe)




Son muchos los que sostienen que el término Populismo es inasumible para la izquierda. Para algunos "desnaturaliza" la centralidad de la lucha de clases, para otros es un escamoteo del verdadero proceso revolucionario, y finalmente, para una gran mayoría se ha perdido la batalla cultural y es una palabra maldita de la que nadie ya se puede apropiar. En todo caso siempre nos da señales importantes su uso negativo y con fines de imputación policial. Sea Vargas Llosa, Bernard-Henri Lévy o Duran Barba, cuando la emplean no sólo es un insulto sino una clara apelación en contra del uso público de la razón postulado por Kant y reformado por Freud, Lacan y Laclau.

Empeñado como estoy en que solo existe "el populismo de izquierda" por razones que argumente en otros sitios, el populismo es la metáfora del socialismo por inventar. Son los "coachs" neoliberales los que intentan promover la idea que definitivamente insulta a la razón y promueve la barbarie: que el tipo de ser humano ideal es el que se concibe a sí mismo como un autoemprendedor que debe valorizarse como capital humano ilimitadamente, mientras los otros son pobres seres subalternos, plebeyos, que gozan de su propia pobreza y que quieren perpetuarla por su "populismo". Esta posición no sólo es reaccionaria, aunque se disfrace de contemporánea, sino que de últimas apunta al fin y destrucción de la especie humana. Se me suele objetar que esta sería la cultura hegemónica del neoliberalismo.

No lo veo así, el Neoliberalismo es un Poder que dispone de un gran imaginario cultural munido de un arsenal de objetos de goce pero no es una hegemonía construida desde el sujeto singular. Es el gran problema del populismo de izquierda. Precisamente porque es racional, a diferencia de los infinitos argumentos que apelan al carácter "visceral" del populismo, no promueve el plus de goce que invita a cada uno a volverse un "capital humano". Los mercenarios reclutados por las corporaciones buscan la corrupción de algunos para encubrir el negocio estructural del Capital: tomar la vida de cada uno hasta que deje de pensar lo Común y renuncie a lo que los expertos no pueden controlar y urge destruir: el uso público de la Razón. El término populismo de izquierda, posmarxista, con vocación emancipatoria, es el último bastión de la razón ilustrada del Pueblo que todavía no quiere permitir la sugestión poderosa de la barbarie neoliberal.

El populismo, en este aspecto, es la vía que abre la posibilidad de volver a construir sin idealismo ni metafísica, una nueva disposición hacia el comunismo, del cual aún no tenemos ninguna referencia histórica.



Montevideo, 24 de julio de 2017



*Profesor honorario de la UBA, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (España) y de la Escuela de Orientación Lacaniana (Argentina).
http://www.lateclaene.com/jorge-alemn-populismo-o-barbarie 

15 abril 2017

Ficción real

—Usted está detenido.—Pero ¿cómo puedo estar detenido, y de esta manera?—Ya empieza usted de nuevo —dijo el vigilante, e introdujo un trozo de pan en el tarro de la miel—. No respondemos a ese tipo de preguntas.—Pues deberán responderlas. Aquí están mis documentos de identidad, muéstrenme ahora los suyos y, ante todo, la orden de detención.—¡Cielo santo! —dijo el vigilante—. Que no se pueda adaptar a su situación actual, y que parezca querer dedicarse a irritarnos inútilmente, a nosotros, que probablemente somos los que ahora estamos más próximos a usted entre todos los hombres.
—Así es, créalo —dijo Franz, que no se llevó la taza a los labios, sino que dirigió a K una larga mirada, probablemente sin importancia, pero
incomprensible. K incurrió sin quererlo en un intercambio de miradas con Franz, pero agitó sus papeles y dijo:
Aquí están mis documentos de identidad.
—¿Y qué nos importan a nosotros? —gritó ahora el vigilante más alto—. Se está comportando como un niño. ¿Qué quiere usted? ¿Acaso pretende al hablar con nosotros sobre documentos de identidad y sobre órdenes de detención que su maldito proceso acabe pronto? Somos empleados subalternos, apenas comprendemos algo sobre papeles de identidad, no tenemos nada que ver con su asunto, excepto nuestra tarea de vigilarle diez horas todos los días, y por eso nos pagan. Eso es todo lo que somos. No obstante, somos capaces de comprender que las instancias superiores, a cuyo servicio estamos, antes de disponer una detención como ésta se han informado a fondo sobre los motivos de la detención y sobre la persona del detenido. No hay ningún error. El organismo para el que trabajamos, por lo que conozco de él, y sólo conozco los rangos más inferiores, no se dedica a buscar la culpa en la población, sino que,como está establecido en la ley, se ve atraído por la culpa y nos envía a nosotros, a los vigilantes. Eso es ley. ¿Dónde puede cometerse aquí un error?
—No conozco esa ley —dijo K.
—Pues peor para usted —dijo el vigilante.
—Sólo existe en sus cabezas —dijo K, que quería penetrar en los
pensamientos de los vigilantes, de algún modo inclinarlos a su favor o ir ganando terreno. Pero el vigilante se limitó a decir:
—Ya sentirá sus efectos.

Franz Kafka, El proceso.


Siendo aproximadamente las 1:30 Hs a.m., constaté la presencia de personal policial en las inmediaciones de la playa de estacionamiento de nuestra Facultad, a lo cual me acerqué al portón del estacionamiento, sin salir del predio, para poder dialogar con el jefe de la unidad.Al acercarme comuniqué a uno de los policías que soy el Presidente del Centro de Estudiantes y al interpelar al policía por las autorizaciones policiales, comunicó que se contaba con las autorizaciones jurisprudentes correspondientes para el desarrollo de ese evento en el ámbito de la facultad y que mi función en ese momento era asegurar que las actividades se desarrollen con total tranquilidad. Todo esto en un diálogo de absoluto respeto por mi parte, lo cual no puede ser negado por ningún agente presente. A lo que me responde uno de los policías con total prepotencia que querían hablar con otro encargado y que no iban a dialogar conmigo aludiendo que me encontraba en estado de ebriedad (el examen toxicológico posterior realizado por el médico policial me dio negativo, no había ingerido alcohol).En ese momento intuí que el agente policial estaba buscando encontrar una solución alternativa para recién retirarse.En ningún momento me comunicaron que la música estaba en volumen alto, ni tampoco que habían alteraciones del orden público, ellos estaban presente y lo pudieron vivenciar, la única alteración del orden la estaban produciendo ellos mismos (para los que desconocen, el buffet donde se realizaba el agasajo se encuentra a más de 40 metros adentro desde la calle y es un espacio cerrado), sin embargo solicite por mi parte que de todas formas se merme la música.Al notar una alteración del agente al ver que la actividad continuaba con su desarrollo normal y una obsesión por ingresar al predio de la facultad, decido permanecer al lado del portón para asegurar que no se presente ningún conflicto, sin dialogar desde ese momento con ningún agente y permaneciendo totalmente tranquilo. En un momento dado se acercó un docente y egresado al portón a intentar dialogar con los agentes policiales para ver si existía algún problema, el cual les respondió muy agresivamente por el hecho de estar en un evento que ellos consideraban ilegal y advirtiendoles que iban a realizar control de alcoholemia en la salida, a lo cual no se manifestó ninguna objeción y decidieron no seguir dialogando con el agente por el exceso de alteración que este manifestaba.Posteriormente se presenta un compañero al portón manifestando a los policías que no podían ingresar por no ser su jurisdicción, a los cual los agentes respondieron con malas palabras y entonces procedí a retirar al compañero para evitar que se inicie una confrontación verbal. Imagino que fue la gota que rebalsó el vaso, porque el policía respondió posteriormente “yo entro y los levantó a todos”. En este momento note que el ingreso iba a ser inevitable, el portón de la playa de estacionamiento si bien estaba cerrado, no tenía candado, cadena, ni pasador. Posteriormente este agente después de haber realizado una llamada se dirige hacia el portón, le da una patada, e ingresan aproximadamente diez agentes violentamente, trotando con armas largas en mano en dirección de los estudiantes, muchos de ellos se aterran corren en todas direcciones, los cuales algunos son perseguidos por los agentes armados. Ante lo que estaba sucediendo, me dirijo hacia donde se encontraba (al parecer) la jefa policial de la operación y le consultó literalmente en un tono tranquilo y respetuoso (lo cual también puede ser atestiguado por los agentes y estudiantes presentes), “disculpe, usted tiene una autorización para ingresar a la facultad?” , a los que ella responde , “A el deténganlo primero” señalándome a mí, “por canchero” . Posteriormente se dirigen hacia mi persona dos agentes de policía y yo ante el acto de total injusticia que se estaba realizando hacia mi persona y hacia mis compañeros a fin de resguardar su integridad trato de dirigirme hacia ellos a lo cual los policías hacen maniobras violentas para inmovilizarme, sin yo reaccionar con agresiones físicas ni verbales hacia ninguno de ellos, simplemente tratando de evitar el sometimiento físico innecesario, por lo cual acuden dos agentes más, los cuales me arrojan al suelo al darme rodillazos y patadas y me arrastran entre cuatro por el playón de la facultad hacia el móvil, golpeándome constantemente en el trayecto (quiero resaltar que yo no reaccione violentamente hacia ningún agente, era muy consciente que no debía hacerlo y esto puede ser constatado posteriormente por el hecho de no habérsele hecho ninguna infracción en ese sentido).Una vez trasladado al móvil, los policías, intentan esposarme a las vez que me inmovilizaban los brazos y en ese momento les pido me expliquen porque me detienen, lo que solo escucho es “ya te vamos a decir”. Me lesionan las muñecas (lo cual es constatado posteriormente por los médicos policiales y por médicos del hospital Pablo Soria, es la lesión más evidente que presentó con hematomas y cortes en las muñecas).Estando esposado en el móvil consulté constantemente cuál era el motivo de mi detención. Se lo pregunté a tres policías incluyendo a la agente que ordenó mi detención, a lo cual ninguno me respondió, ya cansados por mi insistencia uno de los agentes me dice que en la comisaría me van a dar los motivos.Posteriormente soy trasladado a la seccional primera donde accedo a dar mis datos y pertenencias, Quiero mencionar que ninguno de los agentes estaba identificado, pedí que se identifiquen pero ninguno accedió. Luego se me solicita que me quite la ropa para la requisa y les digo a los agentes que si estoy siendo tratado como un delincuente que se me den las razones de mi detención. Uno de ellos me responde que la razón era la resistencia al arresto, a lo que le pregunto entonces cual era el motivo del arresto inicial al cual me resistí, lo cual no me supo responder. Ya cansado uno de los agentes por mis preguntas incesantes, se dirige hacia a mí y me dice que me saque la ropa, que no me lo estaba preguntando, sino que era una orden, y si no lo hacía por la buenas, iba a hacerse por las malas. A lo cual respondí que si no se me dan los motivos de mi detención no iba a acceder a proceder con el protocolo, que en todo caso lo hagan ellos mismos, y que yo no iba a ofrecer resistencia física, a lo cual me responde que él no me tiene que dar ningún tipo de explicación y que entonces que se iban a hacer las cosas por las malas. En ese momento me vuelve a esposar, se pone en mi espalda y empieza a asfixiarme levantándome constantemente del cuello con su brazo, esto en presencia de al menos otros tres agentes más. Cuando el agente notó que yo no podía soportar más la asfixia me arrojó al suelo, al cual caí de cabeza lesionándome la frente sin poder poner las manos por lo que me encontraba esposado. Una vez en el suelo el agente colocó su rodilla entre mis muñecas, para lesionarme con las esposas, diciéndome que iba a permanecer así hasta que cambie de opinión y acceda a lo que me estaban pidiendo. Pasaron así aproximadamente quince minutos y al ver que permanecía decidido a que me den respuestas, tirado de frente al suelo seguía haciendo preguntas de mi detención y me dirigía hacia los demás agentes advirtiendoles que ellos estaban siendo testigos de las agresiones que estaba sufriendo, decidieron traer un testigo civil, me volvieron a levantar y en presencia del testigo los policías cambiaron su actitud violenta. Yo al ver que no iba tener respuesta simplemente accedí a proceder con el protocolo.Cuando me llevaron a la celda y estando en esta, pedí constantemente que se permita realizar una llamada y se me negó la misma en todo momento.Aproximadamente a las cuatro de la mañana (consulté la hora al policía), me llevaron a hacer registro de datos a la estación central, me marcaron los dedos y posteriormente me hicieron las pericias médicas. Conté la agresión física sucedida al policial médico la cual tomo nota de todas las lesiones producidas, en la facultad y en la comisaría. Aproveché el momento y consulté nuevamente cuál era el motivo de mi detención, a lo cual me responde el agente a cargo, que yo estaba ahí por averiguación de antecedentes, a lo que le consulte si necesariamente tenía que estar esposado, detenido y en una celda por ese motivo, a lo que me responde que sí, que era lo que correspondía.Aproximadamente a las diez de la mañana fui liberado y procedí a hacer las denuncias correspondientes en la regional número 1. Lo mencionado aquí está en mi denuncia, la cual apenas pude hacer, porque me encuentro y me encontraba prácticamente sin voz por la lesión producida en mi garganta por el ahorcamiento.Quienes me conocen, conocen mi integridad moral y saben que yo no falto a la verdad. Lo plasmado aquí fue plasmado en mi denuncia como declaración jurada.
Carta de Joaquín Quispe, Presidente del Centro de Estudiantes y Consejero académico Estudiantil de la Facultad de Ciencias Agrarias.
http://www.laizquierdadiario.com/Carta-de-Joaquin-Quispe-relato-de-la-brutal-avanzada-policial-contra-estudiantes

12 abril 2017

Capital humano

La creación de una fuerza de trabajo altamente productiva dio lugar a la teoría del llamado «capital humano», que es una de las ideas económicas vigentes más disparatadas que cupiera imaginar. Encontró su primera expresión  en  los  escritos  de  Adam  Smith.  Tal  como  él  argumentaba,  la adquisición de talentos productivos por parte de los trabajadores «mediante la educación, el estudio o el aprendizaje, supone siempre un gasto real, destinado a la preparación del sujeto que los adquiere, y viene a ser como un capital fijo y realizado, por decirlo así, en su persona. Así como esos talentos  forman  parte  del  patrimonio  del  individuo,  de  igual  suerte  integran el  de  la  sociedad  a  la  cual  aquel  pertenece.  La  destreza  perfeccionada  de un operario se puede considerar bajo el mismo aspecto que una máquina o instrumento productivo, que facilita y abrevia el trabajo y que, aunque ocasiona  algunos  gastos,  los  retorna  acompañados  de  un  beneficio».  La cuestión,  por  supuesto,  es  quién  paga  la  factura  por  la  creación  de  tales talentos  –los  trabajadores,  el  Estado,  los  capitalistas  o  alguna  institución de la sociedad civil (como la Iglesia)– y quién obtiene los beneficios (o el «lucro» en palabras de Adam Smith).
Evidentemente, una mano de obra cualificada y bien entrenada podría esperar razonablemente un mayor nivel de remuneración que la que no lo está, pero eso no es más que un lejano eco de la idea de que un salario más alto es una especie de ganancia por la inversión que los trabajadores han hecho  en  su  propia  educación  y  habilidades.  El  problema,  como  señaló Karl Marx en su acerba crítica de Adam Smith, es que el trabajador solo puede realizar el mayor valor de esas habilidades trabajando para el capital en condiciones de explotación, de forma que en definitiva es el capital y no el trabajador el que cosecha el beneficio de la mayor productividad del trabajo. En tiempos recientes, por ejemplo, la productividad de los trabajadores ha aumentado pero la proporción que se les cede de lo producido ha disminuido. En cualquier caso, si lo que el trabajador posee auténticamente en forma corpórea fuera capital –señalaba Marx–, podría tumbarse y vivir de los intereses de su capital sin trabajar un solo día (el capital, como relación de propiedad, siempre tiene a su alcance esa opción). Por lo que yo sé, la principal consecuencia de la resurrección de la teoría del capital humano, realizada por Gary Becker en la década de 1960, fue enterrar la importancia de la relación de clase entre capital y trabajo y hacerla parecer como si todos fuéramos capitalistas que obtenemos distintas tasas de beneficio de nuestro capital (humano o de otro tipo). Si los trabajadores reciben  salarios  muy  bajos,  se  podría  entonces  argumentar  que  eso  solo refleja el hecho de que no han invertido suficiente esfuerzo en construir su capital humano, ¡y solo sería culpa suya que se les pague tan poco! No cabe pues sorprenderse de que las principales instituciones del capital, desde los departamentos de economía de las universidades hasta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, abrazaran calurosamente esa ficción teórica, por razones ideológicas y no por sólidas razones intelectuales.


David Harvey, Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo — 1.ª ed. — Quito: Editorial IAEN, 2014.
(Cursivas y negritas nuestras)

28 marzo 2017

Desigualdad

La desigualdad deriva del simple hecho de que el capital se constituye social e históricamente como un dominio de clase sobre el trabajo. La distribución de la renta y riqueza entre  capital  y  trabajo  tiene  que  ser  sesgada  para  que  el  capital  se  pueda reproducir. La igualdad en la distribución y el capital son cosas incompatibles. Ciertas disparidades en la distribución preceden de hecho al ascenso del capital. Los trabajadores deben ser desposeídos de la propiedad y el control sobre sus propios medios de producción si se quiere que se vean obligados al trabajo asalariado para sobrevivir. Esa condición referida a la distribución precede a la producción de plusvalor y debe mantenerse con el tiempo. Una vez que la circulación y acumulación de capital se generalizan, el nivel salarial debe mantenerse dentro de unos límites que permitan la obtención de beneficios. Cualquier intento de maximizar estos significa reducir los niveles salariales o incrementar la productividad del trabajo. La intensificación de la competencia entre capitales conduce a una reducción general de salarios, quiéranlo o no los capitalistas individuales. La proporción en que se reparte el excedente entre salarios y beneficios es consecuencia de cierta combinación de la escasez de mano de obra y el curso de la lucha de clases. La configuración resultante es geográficamente desigual.
La clase capitalista debe recibir una proporción suficiente del valor social producido que (a) la incentive proporcionándole condiciones de consumo privilegiadas como clase ociosa, y (b) entregue un excedente suficiente para mantener en marcha el motor económico del capital y su expansión acelerada y sin trabas. El «dilema fáustico» que acecha en el pecho de cada capitalista entre  el  disfrute  personal  y  la  reinversión  solo  se  puede  resolver  con  una considerable generación y apropiación de excedente. Siempre tiene que fluir una cantidad desproporcionada de excedente hacia el capital, a expensas del trabajo; esa es la única posibilidad para que el capital se reproduzca.

Harvey, David
Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo.
1.ª ed. — Quito: Editorial IAEN, 2014

03 marzo 2017

Modelo para desarmar y armar

12. El socialismo del siglo XXI tiene que reconstruir la idea de los derechos humanos sobre la base del respeto a todas las culturas
Occidente ha sido siempre una fuerza colonial imposibilitada, desde su razón moderna, para comprenderse, humildemente, como sólo una parte de la verdad. La forma de pensar de Occidente (la modernidad) le ha llevado a que, incluso cuando ha propuesto valores de carácter universal, haya impuesto directa o indirectamente sus valores propios (a partir del siglo XVIII, contaminados, además, de capitalismo voraz y estatismo homogeneizador). Los derechos humanos no son los derechos individuales del liberalismo que terminan, en nombre de una buena causa, siendo otro instrumento de opresión de unos países sobre otros o de unas ideologías sobre otras. Los derechos humanos deben reconstruirse como un diálogo entre los diferentes pueblos y culturas, entre las diferentes opciones políticas y las diferentes religiones.
Frente a propuestas de choque de civilizaciones, basadas en la supuesta incompatibilidad de valores y derechos humanos, el socialismo del siglo XXI debe hacer un esfuerzo en la línea del diálogo de civilizaciones, que reconozca la interculturalidad y la más eficaz construcción de la emancipación desde diferentes perspectivas que comparten, pese a los distintos presupuestos, un compromiso con una globalización alternativa. Frente a la mercantilización del mundo de vida puesto en marcha por la globalización neoliberal, existe una rica variedad de respuestas (provenientes de culturas indígenas, religiones, sensibilidades sexuales) que deben sumarse para recuperar ese espacio humano hurtado por la mercantilización neoliberal.
Esos nuevos derechos humanos deben tener como orientación compartida la recuperación de un aspecto dejado de lado por la concepción liberal occidental de los derechos humanos: el derecho a la propia alimentación. El derecho a la vida se conculca de manera aberrante cuando tres cuartas partes de la humanidad no pueden alimentarse. De poco sirve el reconocimiento formal de la libertad cuando esa libertad no puede ejercerse porque faltan el alimento y la instrucción necesarios para construir una vida digna. De igual manera, el libre acceso a los medicamentos necesarios debe formar parte de una concepción de los derechos humanos que sea defendida por la ONU, completada con el acceso a la cultura.

Juan Carlos Monedero, "Modelo para desarmar y armar"
http://www.voltairenet.org/article127151.html

23 febrero 2017

La aldea global

Cree  el  aldeano  vanidoso que  el  mundo  entero  es  su  aldea,  y  con  tal que  él quede  de  alcalde,  o  le  mortifique al  rival  que  le  quitó  la  novia,  o le  crezcan  en  la  alcancía  los  ahorros, ya  da  por  bueno  el  orden  universal, sin  saber  de  los  gigantes  que  llevan  siete  leguas  en  las  botas  y  le  pueden poner  la  bota  encima,  ni  de  la  pelea  de  los  cometas  en  el  Cielo,  que  van por  el  aire  dormidos engullendo mundos. Lo  que  quede  de  aldea en América ha de despertar. Estos  tiempos  no  son  para  acostarse con  el pañuelo  a  la  cabeza,  sino  con  las  armas  de  almohada,  como  los  varones de  Juan  de  Castellanos: las  armas  del juicio,  que  vencen  a  las  otras. Trincheras  de  ideas  valen  más  que trincheras de  piedra. 

José Martí, Nuestra América.

17 febrero 2017

Reformismo o Revolución

“El problema con el reformismo es que en un mundo barbarizado como el del capitalismo neoliberal se requieren transformaciones de fondo y no tan sólo ajustes marginales. Si, como dicen los zapatistas, «de lo que se trata es de crear un mundo nuevo», tal empresa excede con creces los límites cautelosos del reformismo. Pero, por otro lado, por decepcionante que este sea, los movimientos populares no pueden permanecer cruzados de brazos hasta que llegue el «día decisivo» de la revolución. El problema de algunos sectores de la izquierda latinoamericana radica precisamente en la persistencia de un «revolucionarismo abstracto», huérfano de eco entre las masas pero dotado de virtudes balsámicas capaces de apaciguar con la radicalidad de sus consignas los espíritus dominados por una ardiente impaciencia que los lleva a pronosticar una y mil veces la inminencia del estallido revolucionario. Pero la historia no la cambian las consignas a menos que estas se encarnen en el sujeto popular. «Pan, tierra y paz» se convirtió en una fuerza motora de la Revolución Rusa no en virtud de la sencilla elocuencia de su formulación sino porque, en un momento exacto del desarrollo de las luchas de clases en la Rusia zarista, Lenin interpretó cabalmente el sentir y las aspiraciones inmediatas y no negociables de soldados, campesinos y obreros. En ausencia de esta encarnadura social, el «revolucionarismo abstracto» es apenas una forma sublimada y más compleja de admitir la propia incapacidad para cambiar el curso de la historia. Conviene recordar, además, que en nuestros países los desafíos que las reformas plantean a las clases dominantes dieron lugar a feroces contrarrevoluciones que ahogaron en un baño de sangre tales tentativas. Se equivoca quien cree que el reformismo es un debate cortesano y caballeresco acerca de los bienes públicos y el rumbo gubernamental. Quien invoca a la reforma en América latina conjura en su contra a todos los monstruos del establishment: los militares y los paramilitares; la policía secreta y la CIA; la Embajada norteamericana y la «prensa libre»; los «combatientes por la libertad» y los terroristas organizados y financiados por las clases dominantes de aquí y de allá. En América Latina el camino de las reformas está lejos de ser un paseo por un prado rebosante de flores. Para nuestras derechas, las reformas no son un sustituto sino un catalizador de la revolución, y por eso no ahorran sangre para combatirlas.”


Pasaje de: Borón, Atilio. “Socialismo siglo XXI.” ePubLibre, 2008-10-01. iBooks.

12 diciembre 2016

Acumulación de riqueza

Cuando la acumulación de riqueza no sea ya de gran importancia social, habrá grandes cambios en el código moral. Podremos liberarnos de  muchos  de  los  prejuicios  seudomorales  que  nos  han
atormentado durante doscientos años y por los que hemos exaltado algunas de lascualidades humanas más desagradables, elevándolas a la posición de las más altas virtudes. Podremos atrevernos a atribuir al motivo del dinero su  auténtico  valor.  El  amor  al  dinero  como  posesión  –algo  distinto al amor al dinero como medio para el disfrute de las realidades de la vida– será reconocido como lo que es, una morbidez un tanto asquerosa, una de esas propensiones semicriminales y semipatológicas que se abandonan con un estremecimiento a los especialistas en enfermedades mentales. Seremos entonces libres para descartar por fin todo tipo de hábitos sociales y prácticas económicas que afectan a la distribución de riqueza y de recompensas y penalizaciones económicas que ahora mantenemos  a  cualquier  precio,  por  desagradables  e  injustas  que  puedan ser en sí mismas, porque son tremendamente útiles para promover la acumulación de capital.


John Maynard Keynes, Essays in Persuasion, Nueva York, Classic House Books, 2009, p. 199 [ed. cast.: Ensayos de persuasión, Madrid, Síntesis, 2009]. Citado en Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo / David Harvey— 1.ª ed. — Quito: Editorial IAEN, 2014.

12 octubre 2016

Cine y público

El cine significa el primer intento, desde el comienzo de nuestra civilización individualista moderna, de producir arte para un público de masas. Los cambios en la estructura del público teatral y lector, unidos al comienzo del siglo XIX con la ascención del teatro de bulevar y la novela de folletín, formaron el verdadero comienzo de la democratización del arte, que alcanza su culminación en la asistencia en masa a los cines. La transición marcó las fases separadas de una evolución caracterizada por el afán de captar círculos cada vez más amplios de consumidores, para cubrir el coste de inversiones cada vez más cuantiosas. Pero es este hecho el que determina la influencia de las masas sobre la producción de arte. Por su mera presencia en las representaciones teatrales en Atenas o en la Edad Media, ellas nunca fueron capaces de influir directamente en la marcha del arte; sólo desde que han entrado en escena como consumidores y han pagado el precio real de su disfrute se han convertido las condiciones en que pagan sus dineros en factor decisivo en la historia del arte. 
Siempre ha existido un elemento de tensión entre la calidad y la popularidad del arte. Las masas no reaccionan ante lo que es artísticamente bueno o malo, sino ante impresiones por las cuales se sientan aseguradas o alarmadas en su propia esfera de existencia. Toman interés en lo artísticamente valioso con tal de que les sea presentado de forma acomodada a su mentalidad, esto es, con tal de que el tema sea atractivo. El arte progresista es un libro casi cerrado hoy para los no iniciados; es intrínsecamente impopular porque sus medios de comunicación se han transformado, en el curso de un largo y autónomo desarrollo, en una especie de cifra secreta, mientras que aprender el lenguaje del cine que se iba desarrollando era un juego de niños hasta para el más primitivo público de cine.


Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte.

17 septiembre 2016

Gobierno y poder

“A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad. La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno sino desde el poder.”


Pasaje de: Gabriel García Márquez. “Chile, el golpe y los gringos.”