14 agosto 2014

Tarde o temprano

Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo.

Jorge Luis Borges, Funes el memorioso.

Enemigos

Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes.


Jorge Luis Borges, El jardín de senderos que se bifurcan.

06 agosto 2014

Un suplemento obligatorio

[...] si bien es verdad que la primera consecuencia del movimiento socrático fue una descomposición de la tragedia dionisíaca, una experiencia significativa de la vida de Sócrates nos obliga a preguntarnos si necesariamente hay entre el socratismo y el arte una antinomia irreductible y si la idea de un Sócrates "artista" es algo absolutamente contradictorio en sí.
  En efecto, aquel lógico despótico tuvo, de cuando en cuando, el sentimiento de una omisión, de una laguna, de un pesar, de un deber quizá incumplido. Contaba a sus amigos, en su prisión, que se le aparecía a veces en su sueño una sombra, siempre la misma, y que le repetía todos los días las mismas palabras: "¡Sócrates, ejercítate en la música!". Hasta sus últimos momentos se había tranquilizado con la idea de que la filosofía es el arte supremo que nos han legado las musas, y no podía imaginarse que una divinidad hubiese venido a recordarle que ejercite la "música común, popular". Por último, en su prisión, para aliviar completamente su conciencia, se decidió a ocuparse de esta música que tan poco estimaba. Y en esta situación de ánimo compuso un himno a Apolo y puso en verso algunas fábulas de Esopo. Lo que lo impulsó a estos ejercicios fue algo análogo a la voz de su daimón familiar, fue su intuición apolínea de que se encontraba como un rey bárbaro, ignorante, ante una imagen noble y divina, y que corría el riesgo de ofender a una divinidad con su ignorancia. Estos sueños de Sócrates y esta aparición son el único indicio de una duda, de una preocupación sobre los límites de la naturaleza lógica; quizá, se debió decir a sí mismo, lo que no es comprensible para mí no es necesariamente lo incomprensible. Quizá haya una región de la sabiduría de la cual está desterrado el lógico. Quizá sea el arte un correlato, un suplemento obligatorio de la ciencia.


Friedrich Nietzsche, El origen de la tragedia.
Buenos Aires, Terramar, 2010.

08 julio 2014

El arco rival

Los españoles no pueden entenderlo, aferrados al tomo rectangular de la Academia, donde han registrado marco como denominación oficial, remiten la cuestión a un asunto de ángulos y geometrías. No pasa por ahí, claro. Porque la oposición no es de forma --lo recto y quebrado versus lo curvo-- sino de sentido. El marco español es apenas la parte externa de una entidad mayor y vulgar, la puerta, la portería, con su consabido y burocrático portero --"Villa estrella su cabezazo en el marco de la portería de Casillas", dirá un castizo relator--, mientras nuestro arco nombra otro tipo de cosa, una totalidad celebratoria de triunfo y desfile que es a la vez el hueco y los límites que lo configuran.
Son actitudes que el lenguaje revela: arco es algo precisamente hecho para ser atravesado, está enfrente, es el arco rival; la puerta está hecha para poder cerrarse y debe ser defendida, es la puerta propia. Por imposición lingüística o por tradición estratégica, se puede afirmar que los equipos españoles se paran en la cancha delante de su portería; por el contrario --al menos teóricamente--, los argentinos lo hacen frente al arco rival.


Juan Sasturain, La patria transpirada.
Buenos Aires, Sudamericana, 2010. 

07 julio 2014

La moral cristiana

El cristianismo fue, desde su origen, esencial y básicamente, asco y disgusto frente a la vida, que no hacen más que disimularse y ocultarse bajo la máscara de la fe en "otra" vida, en "una vida mejor". El odio al "mundo", el anatema de las pasiones, el miedo a la belleza y a la voluptuosidad, un más allá futuro inventado para denigrar mejor el presente, un deseo de aniquilación, de muerte, de reposo, hasta llegar al "sábado de los sábados": todo esto, así como la voluntad absoluta del cristianismo de tener en cuenta sólo valores morales, me pareció siempre la forma más peligrosa, más siniestra, de una "voluntad de aniquilamiento", por lo menos un signo de laxitud morbosa, de profundo abatimiento, de agotamiento, de empobrecimiento de la vida, pues, en nombre de la moral (en particular, de la moral cristiana, es decir, absoluta), debemos siempre e ineludiblemente condenar la vida, porque la vida es algo esencialmente inmoral; debemos, en fin, ahogar la vida bajo el peso del menosprecio y de la eterna negación, como indigna de ser deseada y como lo no válido en sí. La moral misma, ¿no sería una "voluntad de negación de la vida", un secreto instinto de aniquilamiento, un principio de ruina, de decadencia, de calumnia, un comienzo de un fin, y, por consiguiente, el peligro de los peligros?...


Friedrich Nietzsche, Ensayo de autocrítica (1886), en El origen de la tragedia.
Buenos Aires, Terramar, 2010.

23 junio 2014

Efecto nivelador

La virtud de la modestia es un gran invento para la canalla, ya que, según aquélla, cada uno debe hablar de sí mismo como si perteneciera a esta última, lo cual produce un extraordinario efecto nivelador del que podría deducirse que lo único que existe es la canalla.

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Arthur Schopenhauer, Aforismos sobre el arte de saber vivir.

18 junio 2014

Opiniones

No existe ninguna opinión, por absurda que sea, que los hombres no hagan propia apenas se ha llegado a convencerles que tal opinión es universalmente aceptada. El ejemplo vale para sus opiniones y su conducta: son ovejas que van detrás del carnero guía adonde las lleve. Les resulta más fácil morir que pensar.
[...]
La universalidad de una opinión no es una prueba ni un índice de su veracidad.
[...]
Son pocos los que piensan, pero todos quieren tener opiniones. ¿Y qué les queda más que tomarlas de otros en lugar de formárselas por su propia cuenta? Dado que esto es lo que sucede, ¿qué puede valer la voz de cientos de millones de personas?


Arthur Schopenhauer, El arte de tener siempre la razón.
Punto de Lectura, Buenos Aires, 2011.

16 junio 2014

La verdadera pizza

Vos seguí mi ideología: la única pizza verdadera es la de masa gruesa, muzzarella que se desborda, mucho aceite y punto. Cuando entrás a un lugar y te traen un menú con treinta y cuatro variedades de pizza, rajá. Es un antro de gente moderna. O sea, de putitas finas, de trolos de alta costura y de políticos afanancios.


José Pablo Feinmann, Grandeza y decadencia de Roque, el pizzero.
Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-248618-2014-06-15.html

29 mayo 2014

Sólo

En la soledad, donde uno se remite a su propia compañía, se muestra lo que cada cual tiene en su interior. En ella solloza el zopenco vestido de púrpura bajo el lastre de su mísera individualidad, mientras el hombre inteligente puebla el más árido desierto con sus pensamientos.

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Arthur Schopenhauer, Aforismos sobre el arte de saber vivir, Punto de lectura, Buenos Aires, 2011.

27 mayo 2014

El talento de la cicatería

A Billy Sánchez no le habría alcanzado la vida para descifrar los enigmas de ese mundo fundado en el talento de la cicatería. Nunca entendió el misterio de la luz de la escalera que se apagaba antes de que él llegara a su piso, ni descubrió la manera de volver a encenderla. Necesitó media mañana para aprender que en el rellano de cada piso había un cuartito con un excusado de cadena, y ya había decidido usarlo en las tinieblas cuando descubrió por casualidad que la luz se encendía al pasar el cerrojo por dentro, para que nadie la dejara encendida por olvido. La ducha, que estaba en el extremo del corredor y que él se empeñaba en usar dos veces al día como en su tierra, se pagaba aparte y de contado, y el agua caliente, controlada desde la administración, se acababa a los tres minutos. Sin embargo, Billy Sánchez tuvo bastante claridad de juicio para comprender que aquel orden tan distinto del suyo era de todos modos mejor que la intemperie de enero, y se sentía además tan ofuscado y solo que no podía entender cómo pudo vivir alguna vez sin el amparo de Nena Daconte.

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Gabriel García Márquez, El rastro de tu sangre en la nieve.