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10 marzo 2015

Lo fundamental que hay que quitarle al hombre para someterlo es la conciencia

Comunicar una verdad por medio de tantas bocas es transformarla en la verdad de todos. La multiplicidad de los medios de emisión transforma la unicidad de la verdad (o sea, a la mera verdad del Grupo) en una verdad múltiple que se le impone a la multitud de la población. Lo múltiple para la multitud. Para introyectar una verdad en una multitud es necesario un Grupo Comunicacional. El Grupo Comunicacional, el pulpo informativo, tiene miles de voces, miles de «periodistas» que comunican, que dicen lo que el Grupo les impone decir, lo dicen a través de miles de canales de emisión, estas emisiones atrapan la subjetividad de los receptores, la colonizan, la anulan, los sujetos receptores ya no son más sujetos, devienen sujetos del Otro, sujetos aprisionados y manipulados por el Grupo Comunicacional. Surge, así, el sujeto de la supramodernidad, de la modernidad capitalista del siglo XXI, el sujeto-Otro. O sea, el sujeto constituido por el sujeto comunicacional. Así como el sujeto constituyente kantiano constituía al objeto, el sujeto constituyente comunicacional constituye al sujeto-Otro. Todo está organizado para que el sujeto no sea sujeto. No piense con autonomía, con libertad. Sea pensado. El sujeto —todo sujeto— es constituido en exterioridad por el gran sujeto absoluto mediático actual: el Grupo Comunicacional. O los oligopolios que esos Grupos —al unirse— forman. Los postestructuralistas intentaron humillar al sujeto. Lo hicieron desaparecer en la trama histórica. En esa trama, el papel comunicacional era casi inexistente. Le entregaron al Poder un sujeto débil. Era justamente el que el Poder requería. Porque no ignoraba —contrariamente a estructuralistas, postestructuralistas y posmodernos— que lo fundamental que hay que quitarle al hombre para someterlo es la conciencia. Es el gran tema de este libro. Para demostrar esa tesis ha sido escrito. Y asimismo para vencerla y desarrollar la contraria. No hay contrapoder sin conciencia crítica. Si el sujeto es tan irrelevante, ¿por qué el Poder ha levantado su más poderoso Imperio para sojuzgarlo? Los grandes pensadores europeos desde Las palabras y las cosas (1966) de Foucault hasta fines del siglo XX —que necesitaron negar al sujeto para entrar en Heidegger y Nietzsche y huir de Marx y del sartrismo— no lo vieron porque no lo podían ver y acaso tampoco querían. Y eso que no vieron tuvo resultados nefastos y hasta patéticos: en tanto ellos deconstruían al sujeto, el Imperio se consagraba a constituirlo. A constituir el más poderoso sujeto de la historia humana: el sujeto mediático, capaz de constituir a todos los otros. Lo estamos viendo ahora. Nosotros, pensadores situados, subalternos, ajenos al circuito académico dominado por el Saber francés recibido en la academia norteamericana para hablar de todas las cosas del mundo, pero no del sometimiento del sujeto, del sujeto-Otro y de lo que posibilitará el surgimiento de la conciencia crítica y su praxis de rebeldía.


José Pablo Feinmann, Filosofía política del poder mediático. Buenos Aires, Planeta, 2013.
 

19 enero 2015

La única verdad no es la realidad

[…] No creía, como Perón, que la única verdad es la realidad. […] Creía que toda realidad puede ser creada, si la creamos nosotros como fruto de nuestro triunfo. Y que toda realidad, si es adversa, puede ser vencida, porque nuestra pasión, nuestra voluntad de vencerla es más fuerte que ella. Al fin y al cabo, ¿qué es la realidad? Algo ya constituido, ya hecho, un bloque en sí, que remite a sí, cuya fuerza es no cambiar, es ser lo que es para siempre, la realidad es un cascote en el camino invencible de la voluntad. La realidad es reaccionaria. La voluntad, revolucionaria. No es casual que la Generación del 80 —venerada por la oligarquía y por algunos de nuestros curiosos teóricos de izquierda como Oscar Terán— se haya entregado a los brazos de la filosofía positivista. El positivismo es la consagración de lo dado, de lo constituido, de lo que cerró, de lo ya totalizado. Es la glorificación de los hechos. Porque los hechos, las cosas, son nuestras, dicen las clases dominantes. Sólo hay que decir que son la verdad, todo régimen triunfante dirá: la única verdad es la realidad. Porque es su realidad la que ha triunfado. No en vano la frase viene de Hegel. El Hegel que glorifica la monarquía por estamentos de Federico Guillermo de Prusia. De él la tomó Clausewitz. Y de él la tomó Perón. El monarca prusiano acaso haya dicho a Hegel: «Maestro Hegel, hemos triunfado. La realidad es nuestra. Ahora santifíquela por medio de la filosofía». Y todo el sistema hegeliano conducía a una glorificación final de la realidad. Eso que el maestro de Jena llamó: saber absoluto. […]


José Pablo Feinmann, El flaco. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner.

16 junio 2014

La verdadera pizza

Vos seguí mi ideología: la única pizza verdadera es la de masa gruesa, muzzarella que se desborda, mucho aceite y punto. Cuando entrás a un lugar y te traen un menú con treinta y cuatro variedades de pizza, rajá. Es un antro de gente moderna. O sea, de putitas finas, de trolos de alta costura y de políticos afanancios.


José Pablo Feinmann, Grandeza y decadencia de Roque, el pizzero.
Nota completa: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-248618-2014-06-15.html

13 agosto 2013

La patria es el otro

[...] en un mundo globalizado en que las estrategias de la derechas nacionales se diseñan en el imperio y se comunican por medio de las embajadas, ¿dónde está la patria? La patria sería nuestra Suramérica, agredida por el poder mediático extraterritorial, que apela a la mentira, al escarnio. ¿Qué puede un neogandhismo contra un poder globalizado, colonialista y bélico? El otro, el otro que quiere la patria para él y para sus socios, ni siquiera decide y actúa desde la patria. Para ellos, la patria ha muerto. Es un concepto arcaico. Pertenece al cajón de trastos usados de los populismos nacionalistas. Ya no hay patria. Hay intereses globalizados.
[...] Habrá, pese a todo, que insistir con la frase: “La patria es el otro”. Porque es nueva. Porque nunca se propuso en este país. Pero no será aconsejable olvidar que ellos, el poder, el establishment, los monopolios, jamás pensarán que la patria son los otros. Sino que pensarán lo que siempre pensaron: que son ellos, solamente y nadie más que ellos.


José Pablo Feinmann, Alcances y límites del concepto “la patria es el otro”, nota publicada en diario Pagina 12, 30-06-2013.
Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-223384-2013-06-30.html