
"Me preguntó cuáles eran las causas o motivos que generalmente conducían a un país a guerrear con otro. Le contesté que eran innumerables y que iba a mencionarle solamente las más importantes. En algunas oportunidades, la ambición de príncipes que nunca creen tener bastantes tierras y gente sobre las que gobernar; en otras, la corrupción de ministros que comprometen a su señor en una guerra para ahogar o desviar el clamor de los súbditos contra su mala administración.
La diferencia de opiniones ha costado muchos miles de vidas. Por ejemplo: si la carne era pan, o si el pan, carne; si el jugo de cierto grano era sangre o vino; si silbar era un vicio o una virtud; si era mejor besar un poste o arrojarlo al fuego; qué color era mejor para una chaqueta, si negro, blanco, rojo o gris; y si debía ser larga o corta, ancha o estrecha, sucia o limpia, con otras muchas cosas más. Y no ha habido guerras tan sangrientas y furiosas, ni que se prolongasen tanto tiempo, como las ocasionadas por diferencias de opinión, en particular si eran sobre cosas indiferentes."
Jonathan Swift, brillante página de Los viajes de Gulliver.