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09 enero 2015

Porvenir

 […] si miramos adelante, hacia un porvenir muy remoto, y tratamos de representarnos las generaciones futuras, con sus millones de individuos humanos diferentes de nosotros en usanzas y costumbres, nos hacemos estas preguntas: ¿De dónde vendrán todos? ¿Dónde están ahora? ¿Dónde se halla el amplio seno de la nada, preñado del mundo, que aún guarda las generaciones
venideras?
Pero ante estas preguntas hay que sonreírse y responder: no puede estar sino donde toda realidad ha sido y será, en el presente y en lo que contiene; por consiguiente, en ti, preguntón insensato, que desconoces tu propia esencia y te pareces a la hoja en el árbol cuando, marchitándose en otoño y pensando en que se ha de caer, se lamenta de su caída y no quiere consolarse a la vista del fresco verdor con que se engalanará el árbol en la primavera, dice gimiendo: «No seré yo, serán otras hojas».
¡Ah, hoja insensata! ¿Adonde quieres ir, pues, y de dónde podrían venir las otras
hojas? ¿Dónde está esa nada, cuyo abismo temes? Reconoce, pues, tu mismo ser en esa fuerza íntima, oculta, siempre activa, del árbol, que a través de todas sus generaciones de hojas no es atacado ni por el nacimiento ni por la muerte. ¿No sucede con las generaciones humanas como con las de las hojas?


Arthur Schopenhauer, Metafísica de la muerte.

28 diciembre 2014

Pesimismo prusiano

Para Schopenhauer, no hay que mentirse a sí mismo sobre este punto: el amor, aunque a veces parezca etéreo,  aunque esté maquillado a menudo de sentimentalismo,  siempre tiene su raíz en el instinto sexual. Más aún: en el fondo, sólo apunta a la reproducción de la especie. 
Dos tortolitos que, en medio del espejismo amoroso, creen actuar en función de su propio gusto y con vistas a una satisfacción absolutamente personal, en realidad no hacen más que obedecer a los intereses del rebaño. Un bebé rosado y lloroso: ese es el objetivo inconsciente de todo amor humano. Una vez disipada la ilusión romántica,  no queda más que la desconcertada contemplación de un recién nacido bastante molesto, dentro de una cuna convertida en la tumba de la pareja. Un pequeño ser tan destinado a la decadencia y la muerte como los absurdos padres que, sin consultarlo, lo condenaron a la vida.


Aude Lancelin y Marie Lemonnier, Los filósofos y el amor. De Sócrates a Simone de Beauvoir.
El ateneo, Buenos Aires, 2013.

23 junio 2014

Efecto nivelador

La virtud de la modestia es un gran invento para la canalla, ya que, según aquélla, cada uno debe hablar de sí mismo como si perteneciera a esta última, lo cual produce un extraordinario efecto nivelador del que podría deducirse que lo único que existe es la canalla.

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Arthur Schopenhauer, Aforismos sobre el arte de saber vivir.

18 junio 2014

Opiniones

No existe ninguna opinión, por absurda que sea, que los hombres no hagan propia apenas se ha llegado a convencerles que tal opinión es universalmente aceptada. El ejemplo vale para sus opiniones y su conducta: son ovejas que van detrás del carnero guía adonde las lleve. Les resulta más fácil morir que pensar.
[...]
La universalidad de una opinión no es una prueba ni un índice de su veracidad.
[...]
Son pocos los que piensan, pero todos quieren tener opiniones. ¿Y qué les queda más que tomarlas de otros en lugar de formárselas por su propia cuenta? Dado que esto es lo que sucede, ¿qué puede valer la voz de cientos de millones de personas?


Arthur Schopenhauer, El arte de tener siempre la razón.
Punto de Lectura, Buenos Aires, 2011.

29 mayo 2014

Sólo

En la soledad, donde uno se remite a su propia compañía, se muestra lo que cada cual tiene en su interior. En ella solloza el zopenco vestido de púrpura bajo el lastre de su mísera individualidad, mientras el hombre inteligente puebla el más árido desierto con sus pensamientos.

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Arthur Schopenhauer, Aforismos sobre el arte de saber vivir, Punto de lectura, Buenos Aires, 2011.