23 marzo 2016

Mundanidad

La vida mundana, que tantas incertidumbres le causaba antes de conocerla, no era más que un sistema de pactos atávicos, de ceremonias banales, de palabras previstas, con el cual se entretenían en sociedad unos a otros para no asesinarse. 


Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera. 

25 febrero 2016

Libertad

Entonces, pensando que él se hallaba entre nosotros y nosotros padecíamos necesidades, fatigas, tropiezos y muertes por encontrarlo, se me ocurrió que era como buscar la libertad, que no está allá, sino en cada cual. 


Antonio Di Benedetto, Zama. 
Clarín, La biblioteca argentina, serie clásicos. Barcelona, 2000.

07 febrero 2016

Sueños

Es extraño pero tal parece que en los seres humanos el acto de más profunda conciencia aparece precisamente en el momento de mayor inconsciencia: el sueño. Las circunstancias se presentan de forma tan abrumadora que cuando han pasado ante nosotros apenas vislumbramos su significado.
Pero en el sueño, al frenesí de la realidad se lo puede diseccionar, desglosar, entender: se lo domestica. Así en el interior nuestro la realidad adquiere la dimensión que verdaderamente queremos o podemos darle. La sabia y antigua conseja de consultar con la almohada se fundamenta en esto: soñando, los hechos adquieren su sentido más certero. 


Guillermo Arriaga, Escuadrón guillotina.
Norma, 2007.

30 enero 2016

Simulaciones

Cuidado con las simulaciones, todo el mundo se las toma en serio. La gente no creyó a Semmelweiss cuando trataba de convencer a los médicos de que se lavaran las manos antes de tocar a las parturientas. Decía cosas demasiado simples. La gente cree al que le vende la loción para curar la calvicie. Algo les dice que ese individuo combina verdades que no se pueden combinar, que no razona correctamente ni tiene buena fe. Pero toda la vida han oído decir que Dios es complejo, e insondable, de modo que para ellos la incoherencia es lo que más se parece a la naturaleza divina. Lo inverosímil es lo que más se parece al milagro.


Umberto Eco, El péndulo de Foucault.
Buenos Aires, Sudamericana, 2012.

15 enero 2016

Vender

Para vender hay que empaparse de una sutilidad "mercurial", escoger las palabras y cuidar los conceptos, adular con circunspección, conversando de lo que no se piensa ni cree, entusiasmarse con una bagatela, acertar con un gesto compungido, interesarse vivamente por lo que maldito si nos interesa, ser múltiple, flexible y gracioso, agradecer con donaire una insignificancia, no desconcertarse ni darse por aludido al escuchar una grosería, y sufrir, sufrir pacientemente el tiempo, los semblantes agrios o malhumorados, las respuestas rudas e irritantes, sufrir para poder ganar algunos centavos, porque "así es la vida". 


Roberto Arlt, El juguete rabioso.
La Plata, Terramar, 2011.

08 enero 2016

Constancia

Mientras duerme la liebre desaprensiva, llega a la meta la tortuga constante. Absurda pesadilla, dice la liebre, despertándose de mal humor. Se despereza, se levanta, y en tres saltos gana la carrera. 


Ana María Shua, La sueñera. Buenos Aires, Emecé, 2003.

04 enero 2016

Plomos

-¿Sabés qué pasa, Ricardito? - bromeó Julián-. Hay una condición inherente a todos los plomos: ellos no saben que lo son.

Roberto Fontanarrosa, Encuentro con Arturo. En Uno nunca sabe y otros cuentos. Buenos Aires, Planeta, 2013.

Imperceptible

Pero en el fondo, todo crimen, toda muerte, agitaba apenas las aguas y se volvía pronto imperceptible.


Guillermo Martinez, crímenes imperceptibles. Buenos Aires, Planeta, 2003.

23 octubre 2015

El bien

¡Oh, tú!... ¡Tú, que no injuriaste la vida subordinando el amor, que es su esencia, a los convencionalismos corrientes; tú, que espontáneamente corriste a rendirle la ofrenda de tu plétora vivificante, tú, que supiste vivirla, amarla y crearla... tú eres la belleza, la verdad; eres el bien!... 


Florencio Sánchez, M'hijo el dotor. 
La Plata, Terramar, 2005.

16 octubre 2015

Filosofía en la vida

La filosofía debe aproximarse con entera confianza al dominio de la vida; lejos de toda pretensión, debe mostrarse capaz de distraer a las gentes en los ratos de ocio, debe incluso mezclarse con los placeres de una humanidad refinada para hacer sentir de igual manera su valor en dominios que nada tienen de filosófico y extender su influencia a toda la facción cultivada de la nación de la que ella reclama su amor. 


Karl Gottlob Schelle, El arte de pasearse (1802). Citado en Michel Onfray, Antimanual de filosofía, Madrid, EDAF.