-¿Sabés qué pasa, Ricardito? - bromeó Julián-. Hay una condición inherente a todos los plomos: ellos no saben que lo son.
Roberto Fontanarrosa, Encuentro con Arturo. En Uno nunca sabe y otros cuentos. Buenos Aires, Planeta, 2013.
-¿Sabés qué pasa, Ricardito? - bromeó Julián-. Hay una condición inherente a todos los plomos: ellos no saben que lo son.
Pero en el fondo, todo crimen, toda muerte, agitaba apenas las aguas y se volvía pronto imperceptible.
¡Oh, tú!... ¡Tú, que no injuriaste la vida subordinando el amor, que es su esencia, a los convencionalismos corrientes; tú, que espontáneamente corriste a rendirle la ofrenda de tu plétora vivificante, tú, que supiste vivirla, amarla y crearla... tú eres la belleza, la verdad; eres el bien!...
La filosofía debe aproximarse con entera confianza al dominio de la vida; lejos de toda pretensión, debe mostrarse capaz de distraer a las gentes en los ratos de ocio, debe incluso mezclarse con los placeres de una humanidad refinada para hacer sentir de igual manera su valor en dominios que nada tienen de filosófico y extender su influencia a toda la facción cultivada de la nación de la que ella reclama su amor.
***La mano de Julián se desliza más abajo del cuello de Cecilia.Cecilia se tira sobre el respaldo del auto, explayándose a la caricia.Ojos de Cecilia entornados, en una fuerte concentración de placer.***
Ando entre libros desde que tengo memoria, pues tuve la suerte de crecer entre los estantes de un par de buenas bibliotecas familiares, y durante toda mi vida procuré, también, rodearme de libros. En ellos confío precisamente, a medida que me hago mayor, para atrincherarme cuando todo, al fin, acabe de irse al carajo y me encierre, en esa biblioteca que he ido preparando durante toda mi vida, con música de tango, bolero y copla en el aparato, unas cuantas botellas de Juan Gil y una escopeta de postas del calibre doce, mientras las respetables matronas corren desoladas, los imbéciles se preguntan cómo ha podido ocurrir esto, y los bárbaros, como es su vigorosa obligación histórica, saquean la Roma que amo y conozco.
[...] me resistía a admitir que la vida terminara por parecerse tanto a la mala literatura.[...]
[...] nunca le pareció legítimo que la vida se sirviera de tantas casualidades prohibidas a la literatura, para que se cumpliera sin tropiezos una muerte tan anunciada.
Todo idealismo, toda oposición entre el mundo de las ideas intemporales, de los valores absolutos, de la normas puras, y el mundo de la experiencia y de la práctica, significa en cierto modo un apartamiento de la vida y una retirada a la pura contemplación y lleva consigo la renuncia a cambiar la realidad.
Cuando usted encuentra un imbécil que diserta sobre su inercia, puede estar seguro de que se encuentra frente a un monstruo de la envidia y de la impotencia.
Un día, durante una lección de esgrima, un acreedor vino a importunarme: lo perseguí por la escalera a golpes de florete. Cuando volví, el maestro de armas, un gigante pacífico que me habría tumbado de un soplido, me dijo ¡Cómo ha derrochado usted su antipatía! ¡Un poeta! ¡Un filósofo! ¡Bah! Había perdido el tiempo de realizar dos asaltos, estaba sofocado, avergonzado y despreciado por un hombre más, el acreedor a quien no había conseguido hacer un gran daño.
En efecto, el odio es un licor precioso, un veneno más caro que el de los Borgia, porque está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño y dos tercios de nuestro amor. ¡Es imprescindible ser avaro!
Las variaciones dinámicas en la interpretación de una obra musical son importantes para el impacto emocional inducido en los oyentes. Las grabaciones de conciertos en los discos antiguos o cintas magnéticas no reproducen, generalmente, el enorme rango dinámico que usualmente escuchamos en una sala de conciertos. Los ingenieros de sonido frecuentemente retocan las grabaciones de un concierto, aumentando la intensidad del sonido en los pasajes pianísimos y disminuyendo --para no saturar los equipos de reproducción-- su intensidad en los fortísimos y, por consiguiente, un toca cintas no puede otorgar los "deleites" de un concierto en vivo.
El extremo opuesto de un concierto en vivo es la música "envasada" que transmiten en los supermercados y algunos consultorios médicos. Notemos que tal música no es capaz de llamarnos la atención. De hecho está precisamente diseñada para que no lo haga. ¿Cómo lo logran? Simplemente utilizando trozos musicales de poco interés y manipulando las grabaciones para evitar, en lo posible, las variaciones dinámicas. De esta manera logran su objetivo: producir un "ruido" de fondo parejo, chato y monótono, que no distrae al cliente.